Emociones científicas

Emociones científicas

¿Han visto las caras de los niños y niñas cuando ven salir volando por los aires una botella de plástico, luego de haberla dado vuelta rápidamente y haberla dejado en el suelo, para que el bicarbonato de sodio (que previamente habían empaquetado en un trocito de papel absorbente y luego habían dejado colgando dentro de la botella desde la tapa), se mezclara con el vinagre de uva (obvio, cuyo componente principal es el ácido acético, y que también habían puesto en la botella unos minutos antes)? (Mira el video de más abajo: son estudiantes de un taller llamado «Ciencias para tu Vida», que ejecutamos con otros docentes en 2016).

¡Hagamos un cohete! Esa fue la consigna de ese día en el taller. Y, una hora después, 12 niños y niñas estaban saltando, aplaudiendo, sonriendo, tapándose la boca con las manos o diciendo “uhhh”, “otra, otra”, “yo, yo” y varias otras expresiones similares.

Como dijo Francisco Mora…“sin emoción no hay aprendizaje”. Y como digo yo “no hay ciencia sin emoción”. Hacer ciencia es emocionarse. ¿Cómo no asombrarse cuando ves algo que no esperabas?, ¿o cuando ves algo que sí esperabas?. Qué tristeza cuando planificas un experimento y lo realizas una y otra y otra vez, y “no te resulta”. Y qué alegría cuando “sí te resulta”.

Al pasar el tiempo me he dado cuenta que hacer ciencia, en gran parte, implica tolerancia a la frustración, confianza en si mismo, confianza en los otros, resiliencia total. Porque “soltar” las emociones es el gran paso que implica gestionar las emociones. Porque ,luego de ponerte triste porque “no te resultó” lo que planificaste, lo “dejas ir” y lo vuelves a intentar.

La inteligencia emocional requiere aprender a reconocer las emociones, comprenderlas, utilizarlas y gestionarlas. Y, ¿qué hace un científico que no es capaz de aprender de sus propias emociones cuando observa, cuando hipotetiza, cuando experimenta, cuando registra, cuando analiza los resultados, cuando concluye y genera nuevo conocimiento? Pues, no avanza. Porque ahí está el aprendizaje, en el avanzar, en el “soltar” y volver a intentar.

Y dejo como nota al margen que, cuando haces ciencia, lo que ocurre en ningún caso “no te resulta”. Siempre te resulta, sólo que a veces (la mayoría) no son los resultados que esperabas. Y ahí está lo más sorprendente, porque cuando no resulta como esperabas, es cuando puedes buscar otra posibilidad, es cuando tienes otra oportunidad para aprender. Porque…

“No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla”

(Thomas Alva Edison)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *