¡Quiero hacer experimentos, no montarlos!

¡Quiero hacer experimentos, no montarlos!

Recuerdo en el colegio “realizar” uno que otro experimento. Llegar al laboratorio – inmaculado y nunca antes usado- ponerme mi delantal blanco, tomar una hoja que pasaba la profesora con los pasos a realizar del experimento, tomar vasos de precipitados, pipetear alguna sustancia líquida, tomar la temperatura de algo, tomar el tiempo y anotar luego las respuestas de unas cuantas preguntas sobre lo que “hicimos”.

Un experimento es un procedimiento llevado a cabo para apoyar, refutar o validar una Hipótesis. Entonces, ¿qué hipótesis trabajamos en esa clase?…¿que si seguíamos los pasos tal cual estaban descritos obtendríamos lo que debíamos obtener?, entonces, ¿validada la “hipótesis”?.

Una Hipótesis es una suposición hecha a partir de unos datos que sirve de base para iniciar una investigación o una argumentación. ¿Qué investigación iniciamos en esa clase?…¿esa para saber si los instrumentos funcionaban como debían funcionar y si las mezclas que realizamos se mezclaban como debían mezclarse?, entonces, ¿realizamos una “investigación”?.

Pues NO. Eso no es, no fue y nunca será un experimento. Desde muy pequeñxs conocemos el mundo a través de rudimentarios experimentos. Intentamos sostenernos con las manos y levantar nuestro cuerpo, nos caemos, intentamos levantarnos sosteniéndonos de algo, nos caemos, intentamos levantarnos estirando las piernas, nos caemos…hasta que finalmente, nos paramos…¿y ahora?…intentaré mover mi pie para ver qué pasa, en una de esas me muevo sin caerme. Eso es realizar experimentos.

Para el aprendizaje de las ciencias, la actividad experimental debe ser lo esencial, el centro, la base. No debe ser una simple manipulación de los instrumentos o montajes experimentales. La actividad experimental debe estar orientada de principio a fin hacia la actividad investigadora.

¿Y si, además, le ponemos algo lúdico? Sí, obvio que trataré de hacer lúdico todo lo que pueda. Siempre que no se pierda el foco ni de lo esencial (en este caso la actividad experimental investigadora) ni de la entretención.

Me propuse planificar una actividad lúdico-experimental y probarla con mi pequeña de 2 años y 10 meses. Obvio, el tiempo atencional es muy corto, así que la actividad tuve que dividirla en 3 días y, cada día, en pasos de no más de 15 min. Hicimos un horno solar casero (pasos a seguir de múltiples tutoriales que hay en internet, pero ahora inspirada en Emily Calandrelli y su programa Emily`s Wonder Lab), y calentamos al sol una lámina de queso fuera del horno y otra dentro del horno. Pintó, puso pegamento, recortó con tijeras, corrió a buscar el queso, tomó el horno casero y lo llevó al jardín, impaciente preguntaba si ya estaba listo el queso, miró y miró, hasta que me dijo, mamá ese está derretido (obvio, en su lenguaje aún poco estructurado). ¿Por qué será?, le dije. Está caliente, me respondió. ¿Y qué lo habrá calentado?… el sol calentó, ¿ya?, puedo comer ahora?, me dijo. Tomó el queso y se lo comió feliz. Listo, con eso estoy. Causa-efecto, Observación, proto-Comunicación de resultados, proto-Análisis de resultados, Paciencia (tal que en la espera del derretimiento – que tomó 30 min – bailamos, corrimos y escaló unos pequeños juegos de madera que tiene), Motricidad fina, Lateralidad, Sol, Calor, Cambios físicos, entre otras habilidades y contenidos que pudimos ejercitar.

¿Y qué fue lo lúdico? Nos pusimos delantal y gorro de chef (obvio, nos ambientamos y ahora éramos chef profesionales), le di tiempos restringidos para la búsqueda de materiales, libertad de elección (qué cocinamos: ¿queso o chocolate?), recompensas (el queso que se derrita te lo podrás comer), dinámica de cooperación (¿pintamos ambas? Si pintamos las dos podremos terminar más rápido, ¿te parece bien?, ¿cómo vas?, ¿te ayudo con algo?, ¿me ayudas aquí?).

Para la próxima probaremos con chocolate sobre frutillas…¡yo también quiero comer!

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